El trabajo infantil no es un problema nuevo, son millones de niños los que trabajan en el mundo, este hecho pasa inadvertido por la sociedad toda.
El trabajo infantil es considerado una forma de esclavitud y coloca a los niños, niñas y adolescentes en serios problemas de salud y seguridad de acuerdo al hábitat donde desarrollan sus tareas.
Las normas que regulan el trato social aplicable a la infancia, están plasmadas en la “Convención Internacional de los Derechos del Niño” y aprobadas por la Asamblea General Constituyente en noviembre de 1989.
La situación del trabajo infantil estadísticamente hablando es preocupante, ya que se observa una participación creciente de la fuerza laboral infantil y adolescente en el mercado de trabajo, las razones son aumentar el ingreso familiar, debido al aumento de los índices de pobreza y desocupación.
Las tareas más comunes de trabajo infantil/ adolescente en el área urbana son: Lustrabotas, Vendedores ambulantes, Cuidadores de vehículos, Lavadores de vidrios, Lavadores de coches, Recolectores de residuos, Mendicidad, Prostitución, Ayudante de oficios, Trabajo esclavo.
El trabajo infantil en los niños, niñas y adolescentes incide de varias maneras.
Afecta la autoestima y la dignidad, vulnera los derechos enunciados en la Convención Internacional de los Derechos del Niño, se les obstaculiza el acceso a la educación comienzan con la deserción escolar y la repitencia.
No se les da una remuneración acorde al trabajo que realizan.
Se les hace hacer tareas con un horario laboral prolongado.
Se les dan tareas de alta responsabilidad por su corta edad.
Hay que intentar abordar en forma integral los diferentes aspectos de la problemática de los chicos en situación de calle que trabajen, teniendo en cuenta que la vulneración de derechos, exclusión y violencia en niños y adolescentes se potencian con la desarticulación y centralización de los recursos materiales, técnicos y humanos disponibles para la atención de dichas problemáticas.
La complejidad de estas temáticas impone reformular las estrategias de abordaje, de forma que se posibilite una aproximación integral que prevea las particularidades de las necesidades sociales locales, encuadradas en una perspectiva de promoción y defensa de los derechos de los niños y adolescentes y el fortalecimiento de los vínculos familiares y comunitarios.
DESARROLLO HUMANO
a)Supervivencia: derecho a la salud y a la atención especializada.
b)Crecimiento intelectual: derecho a la educación, la cultura, el juego, descanso, recreación y esparcimiento.
DEFENSA Y PROTECCION
a)Defensa, Protección y Vulnerabilidad: derecho a recibir protección ante situaciones de riesgo.
b)Rehabilitación, Recuperación y Reinserción Social: derecho a la restitución de derechos.
NIÑEZ Y ADOLESCENCIA EN LA VIDA FAMILIAR
a)Niñez y Adolescencia en la Vida Familiar: derecho a la protección y cuidados necesarios para su bienestar y desarrollo pleno.
b)Niñez y Adolescencia Separada de la Familia: medidas de protección para su bienestar y desarrollo pleno.
NIÑEZ Y ADOLESCENCIA EN LA COMUNIDAD:
a)Niñez y adolescencia en la Comunidad: derecho a que la comunidad garantice su bienestar y seguridad.
b)Responsabilidad del Estado: garantizar de forma plena los derechos establecidos en la Convención Internacional de los Derechos del Niño.
NIÑEZ Y ADOLESCENCIA COMO CIUDADANOS:
a)Derecho a la Identidad, derecho humano esencial y fundamental
b)Bienestar y Seguridad Social
b) Participación
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jueves, 11 de febrero de 2010
Niñez en desamparo, hombres sin mañana "LA INDIFERENCIA"
Lo que más daño hace al amor no es el odio, del que siempre nos han dicho que es su antagónico, es la indeferencia:
La indiferencia
de los que creen que no se puede hacer nada para construir un mundo mejor, mas igualitario, basado en la justicia social y fundamentado en el concepto de humanidad globalizada: todos iguales, pero diferentes.
La indiferencia
de los que piensan que es imposible cambiar este mundo de poder y desigualdad y porque “carecen de medios” para hacerlo.
La indiferencia
de los que sienten que no va con ellos el hambre y la muerte cada cuatro segundos, de un niño/a menor de cinco años en la tierra por falta de alimentos, de los inmigrantes que mueren queriendo alcanzar el “paraiso”, de los desplazados por los conflictos bélicos…
La indiferencia
de los que piensan que son los demás, los gobiernos, los estados, o las organizaciones internacionales, las que tienen que cambiar las cosas.
La indiferencia
de los que se dan la vuelta cuando hay una manifestación reivindicando más democracia, más solidaridad, la mejora de las condiciones medioambientales, mas sostenibilidad en el planeta, el cambio del sistema económico por uno más solidario…
La indiferencia
de los que se ponen corazas y gafas para no sentir ni ver lo que acontece a su alrededor y así no enamorarse de la puesta de sol, no alegrarse de las estaciones del año, no sentir la necesidad de dar las gracias por respirar cada mañana, no descubrir la mano alargada de los que piden pan al doblar cada manzana.
La indiferencia
de los que no buscan sonreír, de los que no pueden ni quieren abrazar o ser abrazados, de los que no saben perdonar o perdonarse.
La indiferencia
de los que no ponen medios para crecer, para descubrirse, para sentirse, para saber quienes son de verdad y el papel que, él, ella o los demás, juegan en este mundo.
La indiferencia
de no reconocer el dolor, el sufrimiento, la enfermedad... como parte de nuestro aprendizaje humano y que se puede superar porque son el producto de nuestra proyección egoísta, insolidaria y desestructurada de la vida que tenemos o vivimos.
La indiferencia
de los que no buscan, no se molestan en compartir, no se preocupan de la tierra, no se interesan por la política, les da igual las competencias, se callan ante las injusticias o se insesibilizan ante las guerras o la economía basada en el consumo, las industrias de la muerte o la explotación abusiva de los recursos de la tierra.
DEJAR DE SER INDIFERENTES, ES RECUPERAR EL PROTAGONISMO DE NUESTRA VIDA, RECONOCER EL ROSTRO DEL AMOR Y SER COMO UNA PIEDRA LANZADA A UN ESTANQUE CUYAS ONDAS LLEGAN A TODAS SUS ORILLAS.
Lange Aguiar
La indiferencia
de los que creen que no se puede hacer nada para construir un mundo mejor, mas igualitario, basado en la justicia social y fundamentado en el concepto de humanidad globalizada: todos iguales, pero diferentes.
La indiferencia
de los que piensan que es imposible cambiar este mundo de poder y desigualdad y porque “carecen de medios” para hacerlo.
La indiferencia
de los que sienten que no va con ellos el hambre y la muerte cada cuatro segundos, de un niño/a menor de cinco años en la tierra por falta de alimentos, de los inmigrantes que mueren queriendo alcanzar el “paraiso”, de los desplazados por los conflictos bélicos…
La indiferencia
de los que piensan que son los demás, los gobiernos, los estados, o las organizaciones internacionales, las que tienen que cambiar las cosas.
La indiferencia
de los que se dan la vuelta cuando hay una manifestación reivindicando más democracia, más solidaridad, la mejora de las condiciones medioambientales, mas sostenibilidad en el planeta, el cambio del sistema económico por uno más solidario…
La indiferencia
de los que se ponen corazas y gafas para no sentir ni ver lo que acontece a su alrededor y así no enamorarse de la puesta de sol, no alegrarse de las estaciones del año, no sentir la necesidad de dar las gracias por respirar cada mañana, no descubrir la mano alargada de los que piden pan al doblar cada manzana.
La indiferencia
de los que no buscan sonreír, de los que no pueden ni quieren abrazar o ser abrazados, de los que no saben perdonar o perdonarse.
La indiferencia
de los que no ponen medios para crecer, para descubrirse, para sentirse, para saber quienes son de verdad y el papel que, él, ella o los demás, juegan en este mundo.
La indiferencia
de no reconocer el dolor, el sufrimiento, la enfermedad... como parte de nuestro aprendizaje humano y que se puede superar porque son el producto de nuestra proyección egoísta, insolidaria y desestructurada de la vida que tenemos o vivimos.
La indiferencia
de los que no buscan, no se molestan en compartir, no se preocupan de la tierra, no se interesan por la política, les da igual las competencias, se callan ante las injusticias o se insesibilizan ante las guerras o la economía basada en el consumo, las industrias de la muerte o la explotación abusiva de los recursos de la tierra.
DEJAR DE SER INDIFERENTES, ES RECUPERAR EL PROTAGONISMO DE NUESTRA VIDA, RECONOCER EL ROSTRO DEL AMOR Y SER COMO UNA PIEDRA LANZADA A UN ESTANQUE CUYAS ONDAS LLEGAN A TODAS SUS ORILLAS.
Lange Aguiar
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