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jueves, 11 de febrero de 2010

Muerte por Hambre en Argentina – Desnutrición – Genocidio Silencioso - Desnutrición infantil, un tema aún sin solución

En Argentina, el país productor de alimentos para dar de comer a cientos de millones de personas, aproximadamente 25 niños mueren por día antes de cumplir un año.

En Argentina más de seis millones de chicos viven en la pobreza y la mitad de ellos pasa hambre. En la Ciudad de Buenos Aires, ocho niños mueren por día antes de su primer año.
En pleno centro porteño, si uno realiza una recorrida muchos chicos, revuelven la basura en busca de comida y se acomodan sobre cartones para pasar la noche, recostados en hilera, aspiran pegamento, consumen paco y otras drogas.
En La Matanza (Gran Buenos Aires) en el Mercado Central, más de 200 chicos de entre 8 y 13 años se prostituyen para poder comer.
La desnutrición sufrida durante el embarazo y en los primeros meses de vida produce daños irreparables en el ser humano: retraso mental y físico, bajo peso y talla y dificultades en el aprendizaje.
El informe de UNICEF revela que el 66% de los niños y las niñas mueren en su primer mes de vida; más de la mitad de estas muertes son evitables.
UNICEF aclara que en Argentina, el lugar de nacimiento condiciona las posibilidades de sobrevivencia:
Las probabilidades de morir antes de cumplir un año son tres veces superiores en Formosa que en Capital Federal.
En las Provincias de Jujuy o Chaco, la probabilidad de muerte duplica a las jurisdicciones más favorecidas. Lamentablemente en la muerte por desnutrición se pone “Paro cardiorrespiratorio” término usado con el que se encubre la desnutrición en los hospitales nacionales y provinciales colapsados por la falta de médicos, enfermeras, insumos y presupuesto.
En la Ciudad de Buenos Aires, la tasa de mortalidad es de 8,3 por mil nacidos vivos; incluso en la orgullosa, rica y poderosa Capital Federal, el índice supera al de Cuba.
La falta de alimentación está sumada a las condiciones de vida: la carencia de agua potable y de desagües cloacales favorecen la aparición de enfermedades infecciosas como la diarrea o la parasitosis que, en edades tempranas, provocan la muerte.
El 86% de los niños del 10% de los hogares más pobres tiene problemas habitacionales.
Los niños del 10% de los hogares más pobres tienen tres veces más chances de no ir al jardín de infantes.
Los adolescentes pobres registraron 9 y 25 veces más posibilidades de abandonar o atrasarse en los primeros años de EGB y los últimos del Polimodal.
Los estudios evidencian que este déficit y desigualdades tienden a profundizarse en Argentina y revelan violaciones a derechos exigibles.
Argentina produce alimentos suficientes como para dar de comer a varios cientos de millones de personas, posee un alto índice de PBI Per capita y un elevado desarrollo científico-tecnológico.
En las entrañas de su tierra hay petróleo, gas, oro y plata. y el acuífero Guaraní, compartido con Brasil, Paraguay y Uruguay, es una de las reservas de agua potable más importantes del mundo.
Creo que hay cosas para reformularse. El hambre es un delito.

Niñez en desamparo, hombres sin mañana "LA INDIFERENCIA"

Lo que más daño hace al amor no es el odio, del que siempre nos han dicho que es su antagónico, es la indeferencia:

La indiferencia
de los que creen que no se puede hacer nada para construir un mundo mejor, mas igualitario, basado en la justicia social y fundamentado en el concepto de humanidad globalizada: todos iguales, pero diferentes.
La indiferencia
de los que piensan que es imposible cambiar este mundo de poder y desigualdad y porque “carecen de medios” para hacerlo.
La indiferencia
de los que sienten que no va con ellos el hambre y la muerte cada cuatro segundos, de un niño/a menor de cinco años en la tierra por falta de alimentos, de los inmigrantes que mueren queriendo alcanzar el “paraiso”, de los desplazados por los conflictos bélicos…
La indiferencia
de los que piensan que son los demás, los gobiernos, los estados, o las organizaciones internacionales, las que tienen que cambiar las cosas.
La indiferencia
de los que se dan la vuelta cuando hay una manifestación reivindicando más democracia, más solidaridad, la mejora de las condiciones medioambientales, mas sostenibilidad en el planeta, el cambio del sistema económico por uno más solidario…
La indiferencia
de los que se ponen corazas y gafas para no sentir ni ver lo que acontece a su alrededor y así no enamorarse de la puesta de sol, no alegrarse de las estaciones del año, no sentir la necesidad de dar las gracias por respirar cada mañana, no descubrir la mano alargada de los que piden pan al doblar cada manzana.
La indiferencia
de los que no buscan sonreír, de los que no pueden ni quieren abrazar o ser abrazados, de los que no saben perdonar o perdonarse.
La indiferencia
de los que no ponen medios para crecer, para descubrirse, para sentirse, para saber quienes son de verdad y el papel que, él, ella o los demás, juegan en este mundo.
La indiferencia
de no reconocer el dolor, el sufrimiento, la enfermedad... como parte de nuestro aprendizaje humano y que se puede superar porque son el producto de nuestra proyección egoísta, insolidaria y desestructurada de la vida que tenemos o vivimos.
La indiferencia
de los que no buscan, no se molestan en compartir, no se preocupan de la tierra, no se interesan por la política, les da igual las competencias, se callan ante las injusticias o se insesibilizan ante las guerras o la economía basada en el consumo, las industrias de la muerte o la explotación abusiva de los recursos de la tierra.
DEJAR DE SER INDIFERENTES, ES RECUPERAR EL PROTAGONISMO DE NUESTRA VIDA, RECONOCER EL ROSTRO DEL AMOR Y SER COMO UNA PIEDRA LANZADA A UN ESTANQUE CUYAS ONDAS LLEGAN A TODAS SUS ORILLAS.

Lange Aguiar